Hace 31 años, en una preciosa ermita, mientras se esperaba la llegada de la novia,

unos niños perdían las alianzas de boda que debían entregar a la pareja cuando llegase el momento indicado.

Para algunas personas, esto hubiese sido una señal a tener en cuenta, para otras, el hecho de haber mantenido

relaciones sexuales antes del matrimonio, no admitiría ninguna otra opción más que la unión legal de la pareja.

Otras, le darían mucha importancia al momento tan especial, teniedo en cuenta todos los preparativos, invitaciones

 y las expectativas que se llevan desde casa a un acontecimiento así, restándole importancia a cualquier desacuerdo

o conflicto anterior en la pareja.

Sea como sea, aquel 4 de agosto de 1990, con la madurez y la inocencia que me aportaban mis 18 primaveras,

firmé un contrato de matrimonio con una persona 9 años mayor que yo,

y que aceleró de manera muy brusca mi proceso de crecimiento personal.

En los 3 años que compartimos antes de casarnos, habían ocurrido algunos incidentes que desataron lágrimas

y que hicieron que sintiera como que mi corazón se rompía en algunos pedazos, lo que no sabía,

era que esos pedazos  podían minimizarse aún más,

llegando a ser  pulverizados….

Viví luna de miel en la que me  preguntaba cual era el motivo por el cual no me sentía feliz

y por qué no estaba disfrutando de ese tiempo que se suponía tan especial.

Y justo al día siguiente de regresar a nuestra casa (jamás lo podré llamar hogar),

comenzaron los problemas serios para mí…

Exigencias y reproches  se convirtieron en algo habitual, control absoluto de la economía por parte de él,

órdenes sobre mi maquillaje y mi manera de vestir….

Tengo grabada en mi memoria la imagen de como convirtió mi rutina de prepárame para ir al trabajo cada día,

en algo oscuro,

eliminando cualquier posibilidad de sonreír y disfrutar de los rayos de luz que anunciaban el nuevo día.

A las 6.15 a.m., tenía que presentarme en nuestra habitación, donde él, desde la cama,

me ordenaba  encender la luz y acercarme ,para que pudiese revisar

mi maquillaje, el peinado y la ropa que llevaba puesta….

Si algo no era de su parecer, me obligaba a cambiarlo hasta conseguir su pulgar levantado,

dando así su consentimiento para que salira a trabajar y comenzar con mi día.

Este es un ejemplo de muchas de las cosas que soporté, que me estaban causando

mucho dolor emocional y en el que mi autoestima se estaba erosionando a pasos agigantados.

En mi mente no había una salida, todo se volvía muy complicado.

Cuando buscaba consejo, las respuestas eran que me debía a la promesa matrimonial,

que sabría encontrar la manera de acostumbrarme a esas cosas y

que poco a poco lo vería todo distinto.

Y así fue, pero no fue poco a poco que comencé a ver las cosas de disinto color.

Al contrario, fue muy rápido, y estoy segura de que esa velocidad es la que me salvó

de todo el abuso que estaba sufriendo.

Cuando sientes que estás atrapada, que tu vida ya no te pertenece y que la controla otra persona,

aparecen pensamientos terribles, que intentando buscar una salida para ayudarte a sobrevivir,

te pueden llevar a escenarios muy oscuros y poco recomendables.

En casa siempre me han descrito como una persona rebelde, es la manera que tienen de decir tus seres queridos,

que tienes tu propio criterio, que te gusta tomar tus propias decisiones y 

que no sigues las recomendaciones externas al pie de la letra.

Ese espíritu de sentirme libre, de responsabilizarme de mis propias decisiones,

aprender de lo que no ha salido como yo esperaba y continuar avanzando,

me ayudó a encontrar el valor y las palabras para enfrentarme a

aquel matrimonio que me estaba destrozando la vida.

4 meses después del si quiero, el 21 de diciembre de 1990,el que fue mi marido,

me echó de casa, sobre las 23h, con la ropa que llevaba puesta y el abrigo que me dió tiempo cojer,

antes de que me tirase de un empujón del piso en el que viviamos,

diciendo que no se me ocurriera volver por allí si no quería recibir una paliza.

Esta experiencia de mi vida, tiene muchas más cosas que explicar,

pero hoy solo quiero compartirte este episodio, y con él,

la alegría de la vida que decidí elegir,

luchando contra las creencias que había desarrollado

y mantenido hasta ese momento.

Desafiando las creencias que llegaban como puñales de mi entorno,

intentando reconducir mi comportamiento y así no romper ningún esquema

y ponerme una etiqueta que en aquel momento daba bastante miedo:

mujer separada o divorciada.

Existen muchas cosas en nuestro dia a dia que nos influeyen

y nos impiden tomar decisiones valientes,

porque nos enfrentan a un futuro desconocido.

Consejos bien intencionados, que no tienen nada que ver con tu experiencia de vida,

sino con la vida de quién te lo da.

Frases hechas que se repiten una y otra vez, sin ningún sentido pero con una

dirección inequívoca hacia un callejón sin salida.

Hoy, recordando que hace 31 años mi vida fue dirigida por la decisión de otras personas, y no por la mía propia,

me siento fuerte, valiente, poderosa y resiliente,

por enfrentarme a algo que por momentos parecía que  iba a destrozarme,

pero que al final, sacó lo mejor de mí y me mostró

lo importante que es sentirse libre cuando estás en pareja.

He aprendido, que el sentido de la pareja es compartir tus días con una persona que te nutra,

que se alegre de tus éxitos y que te apoya en el camino para conseguirlos.

 Que lo importante es que tengáis una relación para sumar,en las dos direcciones,

 que podáis tener una roca fuerte y firme como fundamento de vuestro amor.

Que la confianza, la comunicación y la alegría sean valores que os sostengan.

Tener todo esto no es fácil y se consigue trabajando la relación,

aportando lo mejor de tí porque sabes, que vas a recibir lo mejor de la otra persona.

Por todo ello, confío en la educación familiar,

en hacer camino juntos y crecer conjuntamente.

Esta es la visión de NUEVE DE CORAZONES, y se que está ayudando a muchas personas

a sentirse mejor con sus vidas y sumar para convivir

en una sociedad en la que queremos aportar con nuestras acciones

, nuestras palabras, nuestras profesiones, nuestros corazones.

Si sientes que te falta el aire y que no puedes respirar,

compártelo con alguien, pide ayuda, modifica tus creencias,

desafía a los pensamientos que tienen miedo a exponerse a un futuro incierto

y confía en tí, recupera tu credibilidad,

eres una persona que necesita encontrar su lugar,

el lugar en el que te valoran, te aman, te reconocen.

Quedarse con menos es perderse todos los colores que la vida tiene para tí

y te puedo asegurar que los colores que te hacen vibrar existen,

y que puedes alcanzarlos,

no renuncies jamás a ellos!

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